Boletín 1031
Caminamos kilómetros en esta vida hasta darnos cuenta de que solo Jesús puede saciar nuestra sed. Todo ser humano busca satisfacción, llenura, plenitud, vida abundante, busca eso que no sabe que es pero que necesita desesperadamente, pero lastimosamente nunca lo encuentra; y en la medida que trata de llenarse de aquello que cree que le satisface, más vacío se siente, más muerte experimenta, más oscuridad lo envuelve.
La conversación de Jesús con la mujer samaritana registrada en el evangelio de Juan (Cap. 4), es simple pero muy profunda. Jesús toma un ejemplo terrenal para ilustrar una verdad espiritual: el agua del poso de Jacob que quita la sed física de forma momentánea vs el agua que fluye como manantial de vida y que quitad la sed espiritual. Jesús se presente como el agua viva, la fuente de vida. Si bien la mujer se ve en principio un poco sorprendida con la metáfora, el hecho de que en un lugar desierto pueda existir un manantial llama su atención, al punto de que la conversación sigue hasta llegar a su clímax y ella entiende el sentido de las palabras del Señor: en frente tiene a quien puede darle una renovación espiritual, una nueva vida espiritual; ante sus ojos está el don de la vida que Dios ha dado a los hombres.
Muchos pueden ver a Jesús solo como quien puede satisfacer sus necesidades terrenales simplemente – como en principio pensó la mujer samaritana cuando el Señor le habló de un manantial de agua. Sin embargo, el señor tiene un don que va más a allá de lo terrenal, que produce plenitud y vida eterna. Es su Espíritu que trae vida eterna, renovación espiritual, salvación.
Desde el religioso y erudito Nicodemo, a la menospreciada mujer samaritana, no importa, también el rico y el pobre, y cualquiera que sea, necesita el agua viva que da vida, que quita la sed espiritual.
La presencia de Dios en nosotros es como una fuente de agua, como un manantial que de continuo hace correr agua de forma dinámica; allí hay plenitud y gozo, es la experiencia real de la salvación.
“mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.” —Jn.4:14
Lunes | Juan 4:1-4
¿Por qué Jesús se aparta de los fariseos?
Martes | Juan 4:5-6
¿Quiénes eran los samaritanos? ¿Cómo eran vistos por los judíos?
Miércoles | Juan 4:7-12
¿Qué mensaje da Jesús con el hecho de hablar con una mujer samaritana y qué aprendes de eso? ¿Cuál es el don de Dios en este texto? ¿Qué significa el agua viva en este pasaje?
Jueves | Juan 4:13-15
¿De qué agua entiende la mujer que Jesús le está hablando? ¿De qué está hablando Jesús?
Viernes | Juan 4:16-30
¿Por qué el Señor cambia el hilo de la conversación? ¿Qué diferencia hay entre la actitud de la mujer samaritana y la de Nicodemo (Cap.3)?

