Boletín 1054
Debo admitir que es difícil establecer por qué una persona en particular decide no creer en el evangelio. Sin embargo, en términos generales, la Biblia sí presenta un panorama de las razones de la incredulidad de los hombres. Lo primero que debemos establecer es que la incredulidad es un acto voluntario de cada persona. El deseo de Dios es que todos los hombres se salven (1 Ti.2:4), y eso queda claro a lo largo del evangelio de Juan. Parece que todo lo que Jesús hizo no fue suficiente para que los judíos creyeran en Él. Entonces, ¿por qué fue necesaria su venida, si de antemano sabía que sería rechazado?
La experiencia del rechazo no es exclusiva de Jesús: prácticamente todos los profetas sufrieron este fenómeno, y ciertamente quienes anuncian el evangelio padecerán lo mismo. En el fondo, se trata del rechazo del hombre hacia Dios.
¿Ha provocado Dios esto adrede? Algunas corrientes teológicas que abundan en las redes sociales atribuyen esto a la soberanía de Dios; pero Juan no deja duda de que el rechazo a Dios es algo voluntario de cada individuo y de la humanidad en general. Entonces, ¿por qué Juan señala, citando a Isaías, que “Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; para que no vean con los ojos, y entiendan con el corazón, y se conviertan, y yo los sane” (Jn 12:40, RVR1960; Is 6:9-10; 53:1)? ¿Acaso Dios ha provocado la incredulidad del pueblo? Pero no solo Juan cita a Isaías; también Mateo, Marcos y Lucas aluden a este profeta para advertirnos sobre la incredulidad de Israel (Mt 13:13-15; Mr 4:12; Lc 8:10), y el apóstol Pablo cita a Isaías en Hechos 28:26-27 y desarrolla una idea semejante en Romanos 1:18-32, en relación con toda la humanidad.
Al agrupar todos estos textos y armonizarlos con Juan 12:37-43, la idea es clara: Dios se ha revelado a los hombres de muchas maneras y, por último, personalmente a través de su Hijo Jesucristo, quien hizo todo tipo de señales y milagros; sin embargo, la humanidad se negó voluntariamente a aceptar toda la revelación de Dios. La consecuencia es que las personas, tanto judíos como no judíos, han quedado a merced de su propio entendimiento, y ya sabemos cómo es el corazón del hombre.
Así lo expresó Pablo en Hechos 28:25-27 (NBLA):
«Bien habló el Espíritu Santo a sus padres por medio de Isaías el profeta, diciendo:
“Ve a este pueblo y di:
‘Al oír oirán, y no entenderán;
Y viendo verán, y no percibirán;
Porque el corazón de este pueblo se ha vuelto insensible,
Y con dificultad oyen con sus oídos;
Y sus ojos han cerrado;
De otro modo verían con los ojos,
Y oirían con los oídos,
Y entenderían con el corazón,
Y se convertirían,
Y Yo los sanaría’”».
Tanto la incredulidad de los judíos como la del resto del mundo provienen de su propio corazón insensible, su vista ciega y sus oídos cerrados a la voz de Dios; pero no porque Dios lo haya hecho así, sino porque el hombre voluntariamente se niega a oír la voz de Dios y a ver sus obras; en consecuencia, su corazón se endurece, como el del faraón.
Esto nos permite concluir que la revelación de Dios a través de su Hijo cumple un doble propósito: salva a quienes reciben la luz y condena a quienes la rechazan deliberadamente.
“Pero a pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él” — Juan 12:37
Preguntas para la semana
Lunes – Juan 12:37-38
¿Cómo explicas el hecho de que algunas personas no creen en el evangelio? (Isaías 53:1)
Martes – Juan 12:39-40
¿Ha provocado Dios la incredulidad de Israel y de los hombres? (Isaías 6:9-10)
Miércoles – Juan 12:41
¿Qué y a quién vio Isaías? ¿Cómo describe el profeta esa escena y qué piensas de las cosas celestiales allí mencionadas? (Isaías 6:1-5)
Jueves – Juan 12:42
¿Cuál puede ser el precio de seguir a Jesús? ¿Qué privilegios o posiciones (estatus) impiden a muchos seguir a Jesús?
Viernes – Juan 12:43
¿Qué significa amar la gloria de los hombres? ¿Cuál es una gloria de los hombres que comúnmente vemos en los gobernantes?

